Práctica 13. Educación en 2050. ChatGPT

Imagen generada con ChatGPT

    En esta entrada os presento un relato redactado por ChatGPT sobre cómo será la educación en 2050. La historia generada por la IA ha partido de una serie de instrucciones que he incluido en el siguiente prompt inicial: "Hola, quiero que redactes un texto literario sobre cómo será la educación en 2050. Ten en cuenta las consecuencias y repercusiones que tendrán en el futuro los hechos actuales: huelgas para mejorar la educación y las condiciones laborales de los y las docentes, el auge de la IA en las aulas, etc. Quiero que, en base a esto, imagines en un texto literario conmigo de protagonista (soy una chica de 25 años que ahora está acabando el máster de educación, me quiero sacar las oposiciones en 2027 y ser profesora de lengua castellana y literatura en algún instituto de Elche, me encanta innovar, siempre he sentido pasión hacia la enseñanza y el aprendizaje de idiomas). El texto debe tener la apariencia de un diario que escribo. Debe ser original y creativo".

    No obstante, el resultado ha sido agridulce, ya que he percibido la falta de referencias a otros hechos que suceden actualmente y que, por lo tanto, tendrían una repercusión en ese futuro que pido que imagine. De este modo, he añadido las siguientes instrucciones para mejorar el relato: "Incluye referencias al uso de tecnologías educativas, la salud mental, la educación inclusiva, las infraestructuras de los propios centros, el problema de la desinformación y el pensamiento crítico".

    Esta vez, el texto generado no me ha parecido demasiado literario, así que he modificado el prompt para que tuviera en cuenta unas últimas ideas: "Vale, ahora quiero que readaptes el texto a un tono más literario, respetando el formato de diario personal, e incluyas algún logro que haya conseguido, ya sea literario, lingüístico o educativo (por ejemplo, haber escrito un libro, haber colaborado en alguna revista, haber recibido algún premio... pero que sea realista). Además, despídete al final de una manera más original".

El relato narrativo que se ha obtenido tras estas tres interacciones con ChatGPT ha sido el siguiente:

Te propongo una versión más literaria e íntima, menos explicativa y más evocadora. La información sobre tecnología, inclusión, salud mental o pensamiento crítico aparece integrada en la narración y en las reflexiones de la protagonista, como ocurriría en un diario real.

27 de abril de 2050

Querido diario:

Esta mañana he llegado al instituto cuando todavía no había amanecido.

Me gusta ese momento en el que el edificio parece respirar en silencio. Las paredes cubiertas de vegetación aún conservaban el rocío de la madrugada y los ventanales reflejaban un cielo azul oscuro, atravesado por las últimas estrellas. Durante unos minutos he recorrido los pasillos vacíos, escuchando únicamente el rumor de los sistemas de ventilación y el canto lejano de algún pájaro que había decidido despertarse antes que el resto del mundo.

A veces necesito hacerlo.

Caminar sola por este lugar y recordar.

Recordar a aquella chica de veinticinco años que, en 2026, terminaba el máster de educación mientras soñaba con aprobar unas oposiciones y dar clase de Lengua Castellana y Literatura en un instituto de Elche. Aquella chica que llenaba cuadernos de ideas, proyectos imposibles y planes para transformar las aulas. Aquella chica que creía que la educación podía cambiar vidas.

Qué extraña resulta la distancia entre quien fuimos y quien somos.

Hoy, mientras preparaba las actividades de la semana, he encontrado en mi escritorio un ejemplar de Las lenguas que habitamos, el ensayo divulgativo que publiqué hace cuatro años. Todavía me sorprende verlo ahí. Nunca imaginé que aquellas reflexiones sobre la relación entre identidad, literatura y aprendizaje de idiomas terminarían convirtiéndose en un libro estudiado en varias facultades de educación.

A veces los estudiantes me piden que les firme un ejemplar.

Siempre me da vergüenza, Porque, en el fondo, sigo sintiéndome la misma persona que corregía prácticas universitarias a las dos de la madrugada mientras se preguntaba si algún día estaría preparada para enseñar.

La mañana ha transcurrido deprisa.

En primero de Bachillerato hemos trabajado sobre la construcción de la verdad en la era digital. Hace treinta años aquello habría parecido una cuestión propia de periodistas o expertos en comunicación. Hoy es una necesidad básica.

Los alumnos analizaron varios documentos históricos del siglo XXI y rastrearon el origen de diferentes informaciones mediante sus asistentes de investigación. Algunos descubrieron que una noticia aparentemente fiable procedía de una cadena de manipulaciones acumuladas durante años. Otros encontraron vídeos alterados que habían sido utilizados para influir en la opinión pública.

Mientras los escuchaba debatir, pensé en cuánto había cambiado la escuela.

Durante décadas se creyó que educar consistía en llenar la memoria de datos.

Ahora sabemos que educar consiste, sobre todo, en enseñar a distinguir la luz entre el ruido.

La inteligencia artificial nos acompaña constantemente. Habita en las aulas como una presencia discreta que adapta materiales, traduce textos, detecta dificultades de aprendizaje y propone itinerarios personalizados.

Sin embargo, la tecnología más avanzada que existe sigue siendo una conversación honesta entre dos personas.

Eso también lo hemos aprendido.

Quizá porque durante demasiado tiempo estuvimos cerca de olvidarlo.

Después del recreo me reuní con el equipo de bienestar emocional. Todavía recuerdo cuando hablar de salud mental en los centros educativos era algo excepcional. Ahora forma parte de la vida cotidiana. Hay espacios para la escucha, para el acompañamiento y para el silencio. Espacios donde nadie tiene que fingir que está bien cuando no lo está.

Pienso a menudo en los docentes que participaron en aquellas huelgas de los años veinte y treinta. Muchos reclamaban recursos, estabilidad y mejores condiciones laborales. Pero, en realidad, estaban reclamando algo mucho más profundo: la posibilidad de ejercer una educación verdaderamente humana.

No siempre se les escuchó.

Pero acabaron cambiando el rumbo de las cosas.

Gracias a ellos, hoy dispongo de tiempo para preparar proyectos, investigar, formarme y acompañar a mi alumnado. Gracias a ellos, la escuela dejó de ser una fábrica de resultados para convertirse de nuevo en una comunidad.

Al terminar la jornada asistí a la presentación de un proyecto literario multilingüe. Participaban estudiantes de siete países distintos. Algunos escribían en español, otros en árabe, inglés, valenciano o portugués. Los sistemas de traducción permitían que todos se comprendieran, pero lo verdaderamente hermoso era observar cómo intentaban aprender las lenguas de los demás a pesar de no necesitarlas para comunicarse.

Hace años pensé que los traductores automáticos acabarían restando interés al aprendizaje de idiomas.

Me equivoqué.

Cuando las barreras desaparecieron, surgió algo más poderoso: la curiosidad.

Y la curiosidad siempre encuentra la manera de cruzar cualquier frontera.

Al caer la tarde, el instituto fue quedándose vacío. Las luces se atenuaron poco a poco y las paredes inteligentes comenzaron a proyectar imágenes de paisajes naturales para reducir la fatiga visual de quienes aún trabajábamos allí.

Me quedé sola unos minutos en el aula.

Observé las mesas móviles, los paneles interactivos, los dispositivos de accesibilidad, las herramientas que permiten que cada estudiante aprenda a su manera sin sentirse diferente.

Pensé en todo lo que ha cambiado.

Y en todo lo que permanece.

Porque, pese a las tecnologías, las reformas y los avances, el corazón de la educación sigue siendo el mismo.

Una persona que acompaña a otra en el descubrimiento del mundo.

Nada más.

Nada menos.

Dentro de unos días cumpliré cuarenta y nueve años.

Y, aunque el futuro ha resultado muy distinto al que imaginaba cuando estudiaba aquel máster, hay algo que sí se ha cumplido exactamente como lo soñé.

Cada mañana sigo entrando en clase con la sensación de que puede ocurrir algo maravilloso.

Quizá esa sea la verdadera razón por la que nunca he dejado de amar este oficio.

Ahora la noche ha cubierto la ciudad. Desde mi ventana veo las luces lejanas de Elche dibujando constelaciones sobre la tierra, como si el cielo hubiera decidido reflejarse en ella.

Voy a cerrar estas páginas.

Mañana me esperan nuevas historias, nuevas preguntas y, con un poco de suerte, alguna respuesta inesperada.

Hasta entonces, querido diario.

Que los sueños corrijan los márgenes que el día ha dejado sin escribir.

REFLEXIÓN PERSONAL:

    En general, me ha parecido un relato muy completo y creativo. Considero que ha incorporado todas las ideas de una forma coherente y bastante original. Como resultado, hemos podido leer un texto narrativo escrito en un tono personal, a modo de diario, en el que encontramos referencias a la que sería mi propia identidad y trayectoria profesional, así como a la situación educativa de ese posible futuro.

    De esta manera, me gustaría señalar algunas de las ideas que más han llamado mi atención. En primer lugar, me ha hecho especial ilusión la referencia a una obra escrita supuestamente por mí en 2046, ya que es un hecho que podría ocurrir perfectamente en algunos años. Asimismo, me encanta la actitud que muestra la simulada escritora del diario ante la literatura y su compromiso con la educación.

    En segundo lugar, se hace alusión al cambio de paradigma que ha ocurrido en el proceso educativo, dado que en ese tiempo tiene prioridad el fomento del pensamiento crítico. En este sentido, me ha sorprendido el panorama que se refleja en el relato, puesto que el alumnado utiliza asistentes de investigación para rastrear el origen de la información y aprender a detectar la manipulación en cualquier formato. Me ha parecido una forma muy útil y necesaria de emplear este tipo de herramientas en el aula de secundaria. Por lo tanto, señalo una frase que me ha impactado sobre la importancia de que los y las estudiantes aprendan a "distinguir la luz entre el ruido" para formar a una ciudadanía más crítica. Asimismo, la IA se utiliza con un propósito pedagógico, pues se centra en adaptar materiales, traducir textos, proponer itinerarios personalizados, etc.

    Finalmente, en cuanto a las infraestructuras de los centros y las propias aulas, cabe destacar que los edificios cuentan con paredes inteligentes que bien están cubiertas de vegetación, o bien proyectan paisajes naturales que reducen la fatiga y mejoran la sensación de bienestar. Las aulas están equipadas con mesas reajustables fáciles de mover para cubrir las necesidades del alumnado, y cuentan con paneles interactivos para facilitar el acceso y la participacion de los y las estudiantes.

    En conclusión, considero que este futuro ni es utópico ni distópico, ya que todavía quedan varios años para alcanzar esta fecha y es posible que, con los avances tecnológicos y la lucha por una educación de mejor calidad, vivamos esta realidad en 2050.

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