La literatura no conecta con el alumnado, falacia del acomodado

       Una de las mentiras que más escuchamos es que el estudiantado evade la literatura, no conecta con la lectura o es incapaz de sumergirse entre las páginas de una publicación. Estas son frases que, por desgracia, estamos cansados/as de escuchar, o por lo menos en mi caso. Ahora bien, ¿realmente la adolescencia es incapaz de leer o sus docentes se han acomodado en un altar donde el brillo de su corona no les permite contemplar los intereses de sus párvulos?    La pregunta anterior puede sonar arriesgada, arisca o incluso, insinuada desde el perfil resentido de un alumno/a que ha tenido algún conflicto con su profesor; pero ¿y si viniese de un docente? Sí, ese es mi caso, como futura docente de Lengua Castellana y Literatura debo confesaros que estoy cansada de escuchar falacias o falsos tópicos, tales como el desinterés del alumnado hacia la lectura, o que son incapaces de conocer una historia, si esta no es narrada por inteligencia artificial o una película. Argumentos que me abruman y me permiten reafirmar la urgencia de implementar nuevas metodologías en las aulas.    ¿Realmente los docentes que achacan de este modo a sus estudiantes se han parado a preocuparse por sus pasiones? Tristemente, me atreveré a responder esta pregunta por vosotros/as, no. Y, con ello, no pretendo convenceros de mi criterio, eso sí, no puedo callar las experiencias que han disipado mis ojos, en las que el alumnado no ha sido observado, sino que el egocentrismo y la hipocresía del profesorado se ha limitado a dirigir una clase magistral en la que las ideas de sus alumnos/as no han sido escuchadas.    En mi caso, he tenido la oportunidad de trasladar diversos mitos, narraciones a las que gran parte de mi alumnado no había podido acercarse nunca, puesto que sus profesores no se detenían a leer en el aula. Una idea, la mía, de trasladar mitología, que puede sonar arriesgada o demasiado atrevida, pero ¿y si os digo que fue todo un éxito? Toda un aula se quedó perpleja ante esas historias de fantasía que se colaban entre sus oídos, ¿que cómo lo hice? Simple, los escuché y se lo hice saber en todo momento. En mi caso, podría haberles explicado las características de los mitos y mandar una lectura para casa, una tarea a la que ya están acostumbrados. Ahora bien, empleé el aprendizaje por descubrimiento, una técnica con la que mis alumnos tuvieron la oportunidad de explicar el contenido de distintas imágenes.    Una 

Aprendizaje por descubrimiento, detectives.

para cada uno de ellos y todas relacionadas con elementos cotidianos, principalmente películas. Debo reconocer, que los primeros minutos de la clase estaban plagados de nervios e incertidumbre, pero no tardé mucho en darme cuenta de que todos/as tenían mi atención. Lo había conseguido, se sentían parte de su propio proceso de enseñanza, en el que se sentían detectives descifrando el enigma de las imagenes. Princiapalmente, de manera individual, pero contaban con un "comodín": la ayuda de sus compañeros/as. Así, más adelante, se atrevieron a pronunciar el contenido del mito que explicaríamos más adelante: La Caja de Pandora. Una hipótesis sencilla, si aclaramos que todas las imágenes mostraban desastres naturales y emociones desagradables, como la ira o el enfado que podían sentir las personas afectadas.

    A continuación, tras el éxito rotundo de mis estudiantes, me atreví a leerles el mito de La Caja de Pandora. Una narración que escucharon atónitos, porque para sorpresa de muchos, los adolescentes adoran la literatura y más aún, si la escuchan de un referente. Esto me brindó la oportunidad de lanzar una serie de cuestiones en aula abierta, con las que mis estudiantes iniciaron una charla en la que debatieron sobre los contenidos de la historia. Ahora bien, esto no se limitó a una práctica diaria, sino que las siguientes sesiones estuvieron dedicadas a asignar un mito a cada estudiante, que posteriormente debían relacionar con arte y explicar a un alumno de Primaria; aunque esto último fue un secreto para ellos inicialmente.    Debo señalar, que los mitos leídos por mis alumnos, no fueron narraciones completas, sino adaptaciones que les facilité, para favorecer la comprensión y el acercamiento a la lectura. La mayoría, preguntaron dudas o palabras que no entendían y, otros muchos, se lanzaron al libro de referencia para leer la historia completa. Una acción que me sorprendió, pero la sonrisa que se dibujó en sus caras cuando descubrieron que serían ellos quienes explicasen la historia fue aún mejor. Un proyecto con éxito casi absoluto.    Esta iniciativa me dio la oportunidad de escuchar a mis alumnos/as, acercarme a sus intereses y darles el valor que se merecen, pues todos me confesaron que les había encantado leer un mito, explicárselo a otro alumno e incluso, superarse a ellos mismos. Con todo ello, reitero que no pretendo persuadir a nadie sobre la capacidad lectora de los adolescentes. Ahora bien, si me preguntasen diría que al alumnado le fascina la literatura, siempre que esta sea trasladada de manera cercana, equitativa e inclusiva. No podemos acercarnos a nuestros estudiantes con ideas acomodadas y arcaicas con las que no se sientan escuchados/as.

 

                                                                   

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