Lectura con imágenes, una aproximación didáctica al universo visual de Warja Lavater


Imagen creada con IA

  En la sesión del pasado lunes nueve de marzo tuvimos la oportunidad de realizar una práctica con las imageries de Warja Lavater, en la que trabajamos con distintas constelaciones de imágenes, gracias a la materia de Investigación, Innovación y Uso de las Tic en la Enseñanza de la Lengua y la Literatura impartida por Sebastián. Como mencionamos, esta tarea estuvo centrada en el trabajo de la autora suiza Warja Lavater y su libro Cendrillon (1976). Una increíble propuesta lectora innovadora que no se suscribe al sistema narrativo tradicional, donde la historia es relatada con palabras. Más bien, emplea el formato del acordeón para trasladarnos cuentos clásicos con símbolos, colores y formas geométricas que sustituyen a las palabras. De manera que, el objetivo de Lavater es crear un lenguaje visual que pueda ser interpretado por cualquier persona, independientemente de su cultura, lengua o nivel educativo. Aunque, ¿Cómo lo hace?

Símbolos del cuento popular

    Como decíamos, Lavater no utiliza palabras, sino símbolos. Por lo que, para conocer su historia, debes interpretar cada una de sus divisas y dar sentido a sus viñetas. Esto fue lo que hicimos, por parejas o triejas, intentamos descifrar el enigma de cada escena. Aunque, con una particularidad. Nosotras no sabíamos el significado de cada distintivo. Esto hizo que ordenar cada una de las viñetas se convirtiese en una tarea de lo más divertida e ingeniosa. Porque, seamos honestas, no hubo una única interpretación, ni un orden lógico o coherente desde el principio. No obstante, debemos reconocer que organizar cada ilustración nos hizo sentir como niñas pequeñas al descubrir los secretos de una historia que ha permanecido con nosotras desde nuestra infancia.

Lavater, W. (1976).
Cendrillon
  Además, cada grupo obtuvo una secuencia distinta, que al ser relatada cobraba sentido aunque no siguiese el orden preestablecido. Por lo que, cada uno de los pictogramas y formas abstractas que conforman la historia nos permitían construir una narración en nuestra mente. Para ello, trabajamos con veinte secuencias de imágenes, extraídas de la narración. Las cuales, teníamos que analizar sin ningún tipo de explicación o aclaración previa. Eso sí, uno de los consejos de Sebastián fue tratar de reconocer los personajes, los lugares y las acciones del cuento. Después, podríamos organizar las imágenes para construir una secuencia lógica. No obstante, los resultados no debían concordar con la historia original, sino realizar una narración racional para nosotras.

    Una vez estructurado el relato, nuestra labor consistía en identificar sus partes (introducción, nudo y desenlace). A su vez, redactamos una oración muy breve para contextualizar cada una de las imágenes. Y, cada una de ellas se introdujo en una aplicación, que generaba un cuento a partir de nuestras interpretaciones. A continuación, realizamos una breve reflexión de cada viñeta, con un máximo de treinta palabras, a partir del texto generado por la página web. De modo que, nuestras interpretaciones y la aplicación, juntas, creaban la narración del cuento popular, Cenicienta.

    El objetivo principal era dar rienda suelta a nuestra imaginación y construir una historia popular con un método innovador, sin tapujos, ni letras, únicamente imágenes. A su vez, la práctica pretendía mejorar nuestra capacidad de síntesis al describir cada ilustración con un número delimitado de palabras, algo a lo que no estamos acostumbradas como filólogas. No obstante, la experiencia nos permitió comprender que las imágenes pueden trasladarnos historias por sí mismas, y que la interpretación de cada persona es válida siempre que se cuente con coherencia y cohesión. En nuestro caso, esta fue la historia que creamos con paciencia, imaginación y trabajo en equipo:

 

    Había una vez una casa adornada con más penas que alegría. Un día, la guardia real tocó la puerta, entregando una invitación al esperado baile de los reyes. La familia se regocijó, excepto Cenicienta, a quien sus hermanastras excluyeron cruelmente, obligándola a quedarse en casa limpiando. → CONEXIÓN NARRATIVA.

    Con el corazón abatido, Cenicienta quedó encerrada en casa mientras las carcajadas de sus hermanas resonaban burlonamente. Desesperada, una tarde apareció su Hada madrina, para iluminarla con magia. Con un toque de su varita, transformó a Cenicienta en una figura resplandeciente, lista para el baile con un vestido y zapatos elegantes. → REFORMULACIÓN, FRAGMENTO QUE CAMBIARÍAMOS.

    En el palacio, el brillo de las luces deslumbraba mientras el Príncipe era cortejado por las hermanastras bajo la atenta mirada de los reyes desde el trono. Sin embargo, al ver entrar a Cenicienta, el Príncipe no pudo apartar la mirada y la invitó a bailar. La orquesta llenó la sala de música mientras ellos giraban con gracia, bajo la vigilancia discreta del Hada madrina. → EXPANSIÓN, FRAGMENTO QUE CONSERVARÍAMOS.

    Pero el hechizo tenía sus límites y Cenicienta, consciente del tiempo, huyó justo cuando el reloj anunció la medianoche. En su apresurada retirada, uno de sus zapatos quedó abandonado en la escalera del palacio. → EXPANSIÓN, FRAGMENTO QUE CONSERVARÍAMOS.

    El Príncipe salió en su búsqueda mientras la guardia miraba perpleja. Al día siguiente, la madrastra y las hermanastras regresaron del baile, sin sospechar que la magia aún susurraba en el bosque. → CONEXIÓN NARRATIVA.

    Con el zapato en mano, el Príncipe llegó a la casa. Probaron el zapato a ambas hermanas tras lo cual el desánimo llenó la sala. Finalmente, Cenicienta fue encontrada y el zapato calzó perfectamente. La maldición de oscuridad cayó sobre la madrastra y sus hijas, mientras Cenicienta salió de la casa, para nunca más regresar a las cenizas, de la mano del Príncipe rumbo al palacio. → REFORMULACIÓN, FRAGMENTO QUE CAMBIARÍAMOS.

 

    Al leer la narración probablemente pienses que no se aleja tanto de la historia original y no seremos nosotras quienes lo nieguen. Nuestra lectura se acerca, con creces, al cuento tradicional. No obstante, tenemos que ser críticas, y junto a Sebastián marcamos algunos aspectos que podrían mejorarse, como puede verse en el texto anterior.

    Por un lado, el segundo y último párrafo no han sido de nuestro agrado, ya que la aplicación ha reformulado el texto. Por lo que, siendo críticas, optaríamos por cambiar estas líneas.

    Por otro lado, el primer y cuarto párrafo evidencian una conexión narrativa asombrosa. Seguida de la expansión que encontramos en el tercer parágrafo.

    Sin dudarlo, nuestra percepción con esta práctica ha sido muy enriquecedora. Aunque, al principio nos daba miedo la idea de equivocarnos al ordenar las viñetas, una actividad que nunca habíamos hecho. Luego, descubrimos que nuestra historia podría tener sentido si la contábamos de la mejor manera posible. Y, eso fue lo que hicimos. Quizás esta sea una de las lecciones esenciales para nosotras, como futuras docentes, y para nuestros alumnos; el miedo a equivocarnos no debe hacernos pequeños, sino más fuertes y valientes. Porque, seamos realistas, nadie nace aprendiendo y todas nuestras teorías pueden ser ciertas. ¿No pensáis lo mismo?

    ¿Y vosotros, os atreveríais a hacer una práctica así con vuestros alumnos? ¿A qué cursos lo llevaríais?

Orden del relato


 

 

 

 




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