Entre la voz, la imagen y la palabra, un diálogo entre Rosalía, Dalí y Benedetti
El arte, en sus múltiples manifestaciones, ha sido siempre un medio para expresar la compejidad de la experiencia y la existencia humana. La canción Reliquia de Rosalía, la pintura El nacimiento de una divinidad de Salvador Dalí y el poema Estados de ánimo de Mario Benedetti constituyen tres ejemplos significativos de cómo la música, la pintura y la literatura abordan una misma preocupación: la construcción de la identidad y la expresión de nuestras emociones.
El lenguaje, en sus múltiples perspectivas, nos ofrece una mirada introspectiva que revela la naturaleza del individuo. Por ello, me detendré en los tres elementos mencionados previamente y analizaré sus puntos de conexión. Todos ellos, atienden a una preocupación por el individuo, la multiplicidad del yo y la necesidad de expresar las emociones. Algo sustancial en la Educación Secundaria y Bachillerato, entendiendo esta propuesta como una herramienta didáctica que no solo permite trabajar la interpretación y la expresión artística, sino también fomentar la educación emocional del alumnado a través de la música, la pintura y la poesía.
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| Imagen creada con IA |
¿Qué ocurre con Rosalía? En primer lugar, Reliquia evidencia un tono introspectivo, casi espiritual. Con el que, la cantante construye una atmósfera minimalista en la que su voz nos traslada su búsqueda interior. La "reliquia" puede interpretarse como los restos de uno mismo con el paso del tiempo y las experiencias. Pasos de nuestra travesía que se han quedado en distintos lugares: Bangokok, Madrid, México, Berlín o Granada, entre otros.
Lugares o experiencias, que han constituido nuestra identidad y que, para la artista, ya no representan simples calles, sino estados de ánimo que la acompañaron en cada de sus vivencias.
Algo similar sucede con la pintura de Salvador Dalí, El nacimiento de una divinidad (1960). En la que nos topamos con una figura que parece surgida del pasisaje onírico, pues su rostro está dibujado con pinceladas de agua, que fusionan lo natural con lo huamano. La cabeza, abierta, con cabellos que no terminan de cerrarse, podría transmitirnos la inestabilidad de la figura. Una construcción del yo, de la identidad, inestable, que remite directamente a la transformación personal que hacemos continuamente.
En el ejemplo anterior, veíamos la relación del individuo con las ciudades. Lugares que ahora guardan recuerdos y emociones. En este caso, nos topamos con elementos naturales que constituyen la naturaleza del ser humano. Todos ellos, libres de interpretación por cada uno de nosotros y nosotras.
Pero...¿todas estas emociones podrían trasladarse a la literatura? Sin duda alguna, Benedetti y Estados de ánimo, nos lo demostraron. El poeta nos trasladó la construcción de un yo poético descrito con metáforas de elementos naturales: colinas, montañas, acantilados, cumbres, rocas, o incluso árboles, representan emociones inestables.
Esto, sin duda, nos traslada a la imagen de Dalí, donde se utilizan los mismos recursos. Al mismo tiempo, Rosalía, en una versión más actualizada, su canción Reliquia, nos recuerda que los estados de ánimo pueden ser ciudades.
Estados
de ánimo
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.
Los tres textos coinciden en un momento de quietud. Benedetti concluye con la imagen de una laguna insomne, un estado de serenidad expectante, donde la figura del yo se muestra inquieta. Esta falsa calma puede relacionarse con el clima que transmite la canción de Rosalía, donde el tiempo parece detenerse al recordar cada una de sus vivencias. No obstante, la artista se muestra intranquila al recordar cada una de sus experiencias, y evidenciar que desconoce cuál será la siguiente. A todo ello, se añade el rostro casi fragmentado de Dalí, pues la mirada del retrato evidencian la inestabilidad y preocupación de la persona retratada.
Desde una perspectiva didáctica, considero que esta actividad podría ser especialmente enriquecedora para el aula de Secundaria o Bachillerato. Puesto que, el alumnado suele reprimir sus emociones y no expresar sus sentimientos. De manera que, ser partícipes de que sus preocupaciones no solamente están presentes en su cabeza, sino que se insertan en la música, la pintura o la literatura, podría resultar de gran apoyo para nuestro estudiantado.
En resumidas palabras, la relación entre estas obras no solo enriquece el análisis artístico, sino que introduce un espacio pedagógico y multimodal donde la literatura, la música y la pintura se convierten en una herramienta para comprendernos mejor. Llevar esta actividad al aula supone, por tanto, una oportunidad para trabajar tanto competencia lingüística como la inteligencia emocional, demostrando que el arte, en todas sus formas, es un vehículo para explorar la complejidad del individuo.
Excelente y completísima propuesta. Hemos pasado de una actividad introductoria en clase a un magnífico análisis para una sesión, o más. Enhorabuena
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